Esta interrogante resulta inquietante y prudente de analizar en profundidad ya que en la actualidad existen diversos cánones de bellezas así como estereotipos impuestos por la sociedad que limitan esta diversidad y nos incentivan a prejuzgar, discriminar y subestimar a las personas que acabamos de conocer. Por esta razón, nos atrae investigar si la belleza es realmente objetiva o si bien ésta es subjetiva de acuerdo al vínculo que mantenemos con dichas personas.
Aristóteles: filósofo, polímata y científico nacido en la ciudad de Estagira, al norte de Antigua Grecia. Nacimiento: 384 a.C. Fallecimiento: 322 a.C. (62 años).
Según la postura de este filósofo, el concepto de apariencia posee dos significados distintos y opuestos. Por un lado quiere decir lo contrario a lo real, de tal forma que lo define como lo ficticio, lo falso y lo confuso; por otro, quiere decir el aparecer de la verdad, el hacerse presente de las cosas.
Teniendo en cuenta la primer idea, conocer a una persona consiste en acabar con lo aparente para llegar a lo real; según la segunda, es basarse de la apariencia para ver cómo es el individuo en particular.
Si bien, Aristóteles sostiene que las apariencias no son ciertas, estas apuntan, gracias a su forma, a la verdad y a la realidad.
Del mismo modo, el famoso polímata hace mención a la belleza diciendo que esta se relaciona íntimamente con el placer. Su valor reside en ella misma, y a diferencia de lo útil, cuyo valor define el resultado, lo bello agrada porque es bueno y lo que es agradable a los sentidos, es objeto de contemplación.
Sobre la belleza también influyen la dimensión y la proporción. Lo que él llama orden lo llamaría más tarde forma, y ésta refiere a una manera conceptual, es decir, como la esencia de las cosas.
Así, percibía más bien la belleza en los objetos particulares que en los conjuntos, afirmando que esta puede ser diversa, relativa y mudable, pero que a su vez, es una propiedad objetiva de las cosas.



